Hoy, México tiene 130 millones 911 mil 314 habitantes. Es una cifra impresionante, pero detrás de ella hay algo más importante: el país se está transformando. La Encuesta Intercensal 2025 del INEGI muestra que la población crece más lentamente, mientras aumenta la edad promedio de quienes vivimos aquí.
En apenas cinco años, la edad mediana pasó de 29 a 32 años y la tasa de crecimiento poblacional se ubicó en el 0.7 por ciento. No es un mero asunto de estadística, implica una variación que, eventualmente, tendrá impacto en la economía, el empleo, la salud, la vivienda y, desde luego, las pensiones.
También está cambiando la manera en que las familias toman decisiones. Hoy muchas parejas tienen hijas e hijos más tarde, tienen solo uno o deciden no tenerlos. Sería demasiado fácil atribuirlo a que las nuevas generaciones simplemente ya no quieren formar una familia. La realidad es más compleja, pues estudiar durante más años, consolidar una carrera profesional, conseguir una vivienda y enfrentar los costos de la crianza también pesan al momento de tomar esa decisión.
Y esto no ocurre únicamente en México, ya que la disminución de la natalidad es un fenómeno que están enfrentando países con economías y culturas muy distintas. Es preciso entender qué está pasando y preparar al país para lo que viene.
De ahí la importancia de la visión de la presidenta Claudia Sheinbaum. Frente a los datos, no propone respuestas apresuradas. Señaló la necesidad de estudiar primero qué está ocurriendo con las nuevas generaciones para, a partir de ahí, definir las acciones de Estado necesarias.
Porque si la población en edad de trabajar crece más lentamente mientras aumenta el número de personas adultas mayores, México tendrá que prepararse desde ahora. Se requiere una economía capaz de generar empleos dignos, jóvenes con mejores oportunidades y un sistema de protección social que pueda responder a una población que vivirá más años.
Y por eso mismo tiene sentido fortalecer el sistema de pensiones. No podemos esperar a que la transición demográfica nos llegue para preguntarnos cómo garantizar una vejez digna a quienes durante décadas trabajaron y contribuyeron al país.
Los datos del INEGI nos están diciendo que México será distinto en las próximas décadas. La responsabilidad de la política es anticiparse a ese cambio, tal y como la presidenta lo ha planteado, porque gobernar también significa pensar en quienes todavía no llegan a la edad adulta, en quienes hoy sostienen la economía y en quienes algún día tendrán derecho a descansar después de una vida de trabajo.
Nuestro país no solamente está creciendo más despacio, está envejeciendo. Prepararnos para esa nueva realidad también es una forma de generar bienestar.
X: @RicardoMonrealA


