LXVI LEGISLATURA

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En estos días, mientras se lleva a cabo el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, conviene detenerse a reflexionar qué significa el que México esté ahí y, sobre todo, qué mensaje lleva. No es un asunto menor: representa la oportunidad de colocar en la conversación global una visión distinta de desarrollo, una que no se arrodilla ante el mercado ni se desentiende del pueblo.

México participa con el encargo claro de la presidenta Claudia Sheinbaum de presentar ante el mundo el modelo del Humanismo Mexicano, una propuesta social y económica que comenzó a consolidarse en el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador y que hoy entra en una nueva etapa.

Hablar de humanismo es, en términos concretos, una forma de entender la economía desde la justicia social. Es reconocer que el crecimiento no sirve de mucho si no se traduce en bienestar para las mayorías. Es expresar con claridad que no puede haber desarrollo con salarios de hambre, con derechos laborales recortados o con millones de personas excluidas de los beneficios del progreso.

El Humanismo Mexicano parte de la idea sencilla pero poderosa de que nadie debe quedarse atrás. En un mundo cada vez más fragmentado, dividido en bloques que compiten entre sí y ajustan las reglas del juego a su conveniencia, nuestro país levanta una voz distinta.

Mientras algunos apuestan por el sálvese quien pueda, México propone un desarrollo económico incluyente, con responsabilidad social y con una profunda conciencia ambiental. No se trata de frenar la inversión, sino de orientarla; no de cerrar la puerta al capital, sino de abrirla bajo principios de justicia y sustentabilidad.

La presencia de México también coloca la protección de la naturaleza en el centro de la discusión económica. Impulsa una visión regional y global que entiende que el crecimiento sin cuidado ambiental es pan para hoy y hambre para mañana.

Con el liderazgo de la presidenta Sheinbaum, este mensaje adquiere coherencia y rumbo. México se presenta como un país abierto a la inversión privada, nacional y extranjera, pero con reglas claras y un objetivo superior: generar bienestar.

Los Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar, que comenzaron a promoverse en 2025 y que hoy empiezan a materializarse, son ejemplo de esa visión en que el Estado orienta, acompaña y garantiza que el crecimiento tenga rostro humano.

Davos no define el destino del mundo, pero sí refleja las tensiones y los debates de nuestro tiempo. Que México esté ahí, defendiendo un modelo humanista, es una clara señal de que nuestro país no solo participa en la economía global, sino que aspira a transformarla, con justicia social, con cuidado del medio ambiente y con la dignidad de las personas como eje central. Y eso, hoy más que nunca, también representa liderazgo.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

X: @RicardoMonrealA

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