LXVI LEGISLATURA

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Hay temas que no admiten regateo político ni mezquindades: la salud pública es uno de ellos. Hoy, el combate al sarampión vuelve a colocarse como asunto de primer orden en la agenda nacional.

Lo anterior no solo por la evolución del brote y el avance de la campaña de vacunación, sino también por la necesidad informar frente a quienes intentan sembrar confusión para obtener ventaja política. Cuando se trata de la salud, no hay espacio para la especulación irresponsable.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha sido firme: las vacunas son gratuitas, seguras y hay abasto suficiente. Y no solo eso: se adquirirán más para garantizar cobertura en todo el país. Esa determinación marca una diferencia profunda respecto a los años del periodo neoliberal. Hoy la lógica es otra: prevenir y proteger a la población es obligación del Estado.

En las últimas semanas, once entidades han concentrado la mayor parte de los casos confirmados: Jalisco, Colima, Chiapas, Sinaloa, Durango, la Ciudad de México, Nayarit, Tabasco, Sonora, Tlaxcala y Puebla. Son estados prioritarios, donde la estrategia se ha reforzado con brigadas, módulos y jornadas intensivas.

Lo importante es subrayar algo que a veces se pierde entre titulares alarmistas: mayor presencia comparativa no ha significado un crecimiento desproporcionado del virus en relación con la población. Y eso tiene una explicación concreta: una campaña ordenada y una ciudadanía que ha respondido.

Las vacunas siguen siendo la mejor herramienta contra el sarampión. No hay atajos ni remedios mágicos. Hay ciencia, prevención y responsabilidad colectiva. La prioridad son las niñas y los niños de entre seis meses y 12 años que no han completado su esquema. También pueden acudir personas de 13 a 49 años que no estén vacunadas o que no recuerden haberlo hecho.

Combatir el sarampión implica también combatir la desinformación. En tiempos de redes sociales, cualquier rumor puede expandirse más rápido que el propio virus. Por eso es fundamental que la población tenga acceso a datos confiables y sepa qué hacer.

La transformación que vive México también pasa por dejar en claro que la salud no es privilegio, sino un derecho. Garantizarlo requiere presupuesto, logística, voluntad política y, sobre todo, convicción. Dicha convicción existe y la presidenta lo ha dicho: primero la vida, primero la salud.

Este momento nos exige nuevamente unidad social. Más allá de las diferencias, el mensaje es sencillo: acudamos a vacunarnos, llevemos a las niñas y niños, completemos esquemas. El Estado está cumpliendo con lo suyo; corresponde ahora fortalecer esa acción con responsabilidad individual.

El sarampión se contiene con vacunas, pero también con información y solidaridad. No dejemos que el ruido opaque lo esencial. La salud pública es una causa común, y defenderla es defender el futuro de México.

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