Tiene un enfoque integral, en el cual se aborda el tema de la demanda en EE. UU., no solo la oferta, y se consideran ángulos de salud mental, educación, medios de comunicación y hasta la “sanación por medio de la fe”.
La semana pasada, la zarina antidrogas de la administración Trump, Sara Carter, presentó “la hoja de ruta para que Estados Unidos derrote el flagelo de las drogas ilícitas y logre una América [sic] segura y saludable, donde una vida libre de drogas sea la norma”.
Es la continuación de al menos dos acciones anteriores (la Estrategia de Seguridad Nacional, presentada en noviembre pasado, y el Escudo de las Américas, dado a conocer en marzo de este año, en Miami, donde se llamó a una coalición político-militar contra los cárteles de las drogas, y donde fueron excluidos los gobiernos latinoamericanos con un denominador común: tener orientación nacionalista de izquierda).
La oposición en México, siguiendo su papel de destacar solo lo que le conviene, se centró en la orientación punitiva policial y paramilitar de la estrategia de control de drogas, en la cual ciertamente se escala al máximo nivel de clasificación de amenaza de seguridad a los cárteles criminales, considerándolos “narcoterroristas extranjeros designados” y abriendo el escenario de “enfrentarlos directamente de manera armada, en cualquier parte donde se encuentren”.
Sin embargo, no es lo único que contiene esta hoja de ruta ni el único enfoque que en ella prevalece. Hay que ir más allá de la estridencia, la maledicencia y la grilla partisana.
El documento tiene un enfoque integral, que aborda el tema de la demanda en EE. UU. —no solo la oferta— y considera ángulos de salud pública, salud mental, educación, medios de comunicación, inteligencia artificial y hasta la “sanación por medio de la fe”.
Algunos de los puntos destacados:
- Investiga y desmantela el tráfico de drogas en línea.
- Garantiza el acceso a programas de prevención y recuperación basados en la fe.
- Desarrolla la capacidad para el tratamiento de adicciones mediante una estrecha colaboración con organizaciones religiosas.
- Colabora con líderes religiosos y comunidades para unirse en la lucha contra el consumo de drogas y brindar esperanza y apoyo a quienes sufren de adicción.
- Mejora y respalda los esfuerzos de intervención temprana basados en la evidencia, la educación y la concientización.
- Moderniza e integra la recopilación de datos sobre seguridad pública y salud pública.
- Utiliza tecnología avanzada e inteligencia artificial (IA), para analizar las amenazas actuales y las que se prevén en el futuro.
- Informa al pueblo estadounidense sobre las drogas que perjudican a sus comunidades, mediante la rápida difusión de advertencias y orientación prácticas.
- Implementa por primera vez a escala nacional pruebas de aguas residuales para obtener datos precisos y casi en tiempo real sobre el consumo de drogas ilegales.
- Establece nuevas alianzas con organizaciones que apoyan la salud juvenil y amplían la prevención primaria.
- Apoya una campaña nacional de medios de comunicación y educación que refuerza la idea de un Estados Unidos libre de drogas como norma social.
- Capacitación en respuesta a sobredosis y rescate.
- Aumenta la disponibilidad de naloxona y el desarrollo de nuevos medicamentos para revertir las sobredosis de drogas.
- Establece un enfoque estandarizado para responder e informar sobre casos de sobredosis masivas en grupo.
- Mejora las pruebas rápidas de detección de drogas en entornos hospitalarios, lo que permite a los profesionales sanitarios y a los pacientes saber qué drogas se han ingerido y conduce a mejores resultados del tratamiento.
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