Hay decisiones de gobierno que terminan definiendo el tipo de proyecto de nación que queremos ser. Y lo que ocurrió con el rechazo definitivo al megaproyecto acuático Perfect Day, de Royal Caribbean, en Mahahual, Quintana Roo, pertenece precisamente a la categoría del respeto. Respeto por la naturaleza, respeto por la gente y las comunidades y respeto por el patrimonio ambiental que no nos pertenece solamente a nosotras y nosotros, sino también a las generaciones que vienen detrás.
Durante el periodo neoliberal, México padeció una visión de desarrollo en la cual el dinero parecía tener siempre la última palabra. Se construía primero y se preguntaba después. El resultado fue la devastación de playas, manglares, ríos y selvas enteras bajo la lógica de que todo podía sacrificarse en nombre del avance.
Por fortuna, la decisión anunciada por la Semarnat y respaldada por la presidenta Claudia Sheinbaum demuestra que el país comienza a caminar hacia una ruta distinta: una en la que el crecimiento económico no esté peleado con la responsabilidad ambiental.
El proyecto pretendía instalar un gigantesco parque acuático sobre más de 90 hectáreas de selva y humedales en una de las regiones ecológicas más delicadas y valiosas del Caribe mexicano, pero sobre todo, en una comunidad pequeña, de poco más de 2,000 habitantes, que simplemente no tiene la capacidad ambiental ni social para soportar semejante presión.
Mahahual no es cualquier sitio, ya que alberga parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano, que es la segunda barrera de coral más importante del planeta. En esa región habitan tortugas marinas, rayas, tiburones nodriza y cientos de especies que forman uno de los grandes tesoros naturales de México.
Vale la pena reconocer la sensibilidad política y ambiental de la presidenta, ya que detrás de esta decisión existe una visión clara: el patrimonio natural del pueblo mexicano no puede ponerse en riesgo, porque hay lugares donde simplemente el dinero no debe mandar.
También es importante destacar la participación social: jóvenes, activistas, personas expertas, organizaciones ambientales e incluso muchas voces desde redes sociales ayudaron a visibilizar el riesgo que implicaba este megaproyecto. En tiempos en que a veces se desprecia la participación ciudadana, Mahahual demuestra que, cuando la sociedad se involucra, puede influir en decisiones trascendentales.
Si bien México necesita inversión y turismo, lo cierto es que el verdadero desarrollo debe construirse con equilibrio, planeación y respeto. El Caribe mexicano ya ha pagado costos demasiado altos por modelos depredadores que enriquecen a unos cuantos mientras deterioran ecosistemas enteros.
Esta vez ganó algo más importante que un negocio multimillonario. Ganó el respeto por la vida, por la naturaleza y por la dignidad de las comunidades de esta parte del país. Y eso, en los tiempos que vivimos, también forma parte de la transformación.
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