LXVI LEGISLATURA

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En una de sus canciones más célebres, Chava Flores, el cronista musical de la Ciudad de México, lanzó la pregunta: “¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?”, letra que sigue sonando y adquiriendo especial significado según el contexto de cada época.

Lo que parecía broma era, en realidad, un diagnóstico, ya que pocas frases describen mejor la mezcla de esperanza y escepticismo que nos caracteriza como pueblo. Nos gusta soñar, sí, pero lo hacemos con el recelo de que algo termine saliendo mal.

La historia de México está llena de obstáculos convertidos en costumbre: la desigualdad, las crisis económicas, los privilegios solo para unas cuantas personas, la resistencia a la transformación. Pero también es verdad que los momentos más luminosos del país nacen cuando el pueblo se une y desafía lo imposible.

Yo mismo lo viví, en 1997, cuando tenía 36 o 37 años, y decidí buscar la gubernatura de mi estado natal, Zacatecas. Tenía el respaldo de miles de personas y un proyecto para transformar nuestra tierra. Lo único que faltaba era la anuencia del entonces régimen hegemónico.

Pero entonces ocurrió algo extraordinario. El pueblo zacatecano hizo suyo el “Sí se puede”, consigna espontánea que terminaría marcando una época y convirtiéndose en la voz de un movimiento que derrotó al régimen neoliberal. Aquella victoria cambió la historia política local y abrió una brecha democrática que después contribuiría al gran proceso de transformación nacional.

Desde entonces comprendí que las frases sencillas poseen una fuerza extraordinaria cuando expresan un sentimiento colectivo, porque son la manera en que el pueblo comienza a creer en sí mismo. Quizá por ello el “¿Y si sí?”, consigna nacida en el contexto del Mundial de Futbol 2026, logra despertar una emoción muy parecida.

Este Mundial nos ha regalado un episodio inédito. La Selección Mexicana concluyó la fase de grupos como líder absoluto, con paso perfecto y sin recibir un solo gol. Y alrededor de ese logro empezó a repetirse esa pregunta que, poco a poco, dejó de ser ocurrencia para convertirse en consigna nacional.

Hoy el “¿Y si sí?” recorre las calles, las redes sociales, las sobremesas y las conversaciones. ¿Y si esta vez la historia puede escribirse de otra manera? ¿Y si esta generación consigue lo que tantas otras anhelaron?

Lo interesante no es la frase en sí misma, sino el estado de ánimo que revela. Después de mucho tiempo, millones de mexicanas y mexicanos dejaron de pensar primero en las razones para fracasar y comenzaron a imaginar las posibilidades de triunfar.

Juan Villoro escribió, en Dios es redondo, que si existiera un campeonato mundial de aficiones, la gran final probablemente enfrentaría a México y Escocia. Dos países sin el protagonismo futbolístico de las grandes potencias, pero con una pasión que llena estadios y sostiene la ilusión incluso en las derrotas.

Durante muchos años esa observación parecía resumir nuestro destino. Hoy, en cambio, la esperanza encuentra sustento en una Selección que responde dentro de la cancha. La ilusión dejó de ser únicamente un acto de fe y comenzó a apoyarse en los resultados. De ahí que el futbol y la política compartan una enseñanza elemental: ningún partido se gana antes de jugarse. Las derrotas anticipadas suelen ser producto del miedo, mientras que las victorias comienzan cuando alguien se atreve a creer que son posibles.

México aprendió esa lección más de una vez, por ejemplo, cuando millones decidieron impulsar un cambio de régimen; y hoy volvemos a recordarla frente a una Selección que compite sin complejos, y frente a un país que continúa transformándose con estabilidad económica, responsabilidad social y una visión de largo plazo, con el liderazgo de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, una presidenta inteligente, valiente y con oficio político.

La historia enseña que los pueblos cambian cuando dejan de aceptar que lo imposible es una sentencia definitiva. Soñar sigue siendo necesario, pero es aún más importante atreverse a convertir ese sueño en voluntad colectiva y mantener viva la esperanza. Cuando un pueblo decide creer en sí mismo, pocas metas permanecen verdaderamente imposibles.

Durante el periodo neoliberal, el “¿Y si sí?” hubiera parecido una pregunta sin respuesta. Transformar el régimen político, combatir la corrupción y colocar a las personas más desvalidas en el centro de las decisiones nacionales se consideraba imposible. Hoy sabemos que las grandes transformaciones comienzan cuando el pueblo se atreve a creer que son alcanzables.

También se decía que la Cuarta Transformación no resistiría mucho tiempo. Sin embargo, aun enfrentando oponentes como los intereses empresariales, las infamias y campañas negras, quedó demostrado que la esperanza también puede transformar la historia, disminuir la pobreza y consolidar los programas sociales.

Los sueños colectivos, ya sea en la política o en el futbol, empiezan exactamente de la misma manera: atreviéndonos a creer que sí se puede.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

X: @RicardoMonrealA

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