Un árbol nunca llega solo; con él aparecen aves, insectos, sombra, humedad, semillas nuevas y agua. Parece una exageración, pero basta con observar cualquier cerro que alguna vez estuvo cubierto de bosque para entender que cuando desaparecen los árboles cambia mucho más que el paisaje, pues se modifica también la vida de quienes habitan en las comunidades aledañas.
Por eso es tan buena la noticia de que el próximo domingo miles de personas, en los 32 estados del país, participarán en la Primera Jornada Nacional de Reforestación. Este acto comunitario servirá para recordarnos que cuidar el medio ambiente también es una responsabilidad compartida.
La presidenta Claudia Sheinbaum explicó que la meta de esta Jornada Nacional de Reforestación es sembrar más de 6 millones de árboles y plantas en 621 municipios, con la participación de más de 250 mil personas.
La convocatoria incluye a gobiernos, universidades, centros de investigación, municipios y personas voluntarias, y otro de sus objetivos es convertir esta jornada en una cita anual para que el país entero vuelva la mirada hacia sus bosques, selvas, manglares, matorrales y pastizales.
A veces olvidamos que México sigue siendo una nación profundamente forestal, toda vez que el 70 por ciento de nuestro territorio está cubierto por algún tipo de vegetación. Esa riqueza sostiene la biodiversidad, protege los suelos, alimenta los acuíferos y hace posible el ciclo del agua que termina llegando a los hogares.
Las consecuencias están a la vista: cada año desaparecen miles de hectáreas por deforestación; los incendios forestales dañan otras tantas, y las plagas siguen deteriorando miles adicionales. Recuperar lo perdido requiere constancia, coordinación y una visión que piense en las próximas décadas y en las generaciones futuras.
Vale la pena destacar que buena parte de las plantas que se sembrarán fueron cultivadas por productoras y productores del programa Sembrando Vida. Detrás de cada árbol hay meses de trabajo, de cuidado y de confianza en que restaurar el territorio también puede generar bienestar para las familias rurales.
Incluso la tecnología encuentra lugar aquí, ya que los drones desarrollados con apoyo del Conalep ayudarán a dispersar semillas protegidas en aquellas zonas donde el acceso resulta complicado, demostrando que innovación y conservación pueden caminar juntas.
Parece enorme, pero toda gran transformación empieza con un primer paso, y la meta hacia 2030 es reforestar y conservar 100 millones de árboles.
Sembrar un árbol es, ante todo, un acto de responsabilidad con quienes todavía no nacen. Es decidir que el agua siga corriendo, que la tierra siga produciendo y que los bosques continúen respirando por todas y todos nosotros. En un país tan generoso como el nuestro, cuidar la vida también significa cuidar aquello que hace posible la vida misma.
X: @RicardoMonrealA


