Están dadas las condiciones para promover una política de Estado, no de etiquetas partidarias, que atienda el combate y la prevención del tráfico de drogas de manera integral.
¿De qué acusan hoy priistas y panistas a MORENA? De lo mismo que la izquierda (desde el PSUM hasta MORENA, pasando por el PRD) acusó al prianismo en las últimas dos décadas.
¿De qué acusan al gobierno mexicano en EE. UU., tanto demócratas como republicanos, desde por lo menos los años ochenta del siglo pasado?
La etiqueta de “narcopartido” y “narcogobierno” ha sido utilizada alternadamente por la oposición mexicana contra los gobiernos en turno y es la bala de plata con la que Washington presiona a México desde hace años para enfrentar su grave problema de salud pública de adicciones a las drogas ilícitas (que en el caso del fentanilo ha provocado cien mil personas muertas por año), pero también, de paso, para tomar ventaja en otros campos de interés estratégico (migración, energía, petróleo, tierras raras, etcétera).
Cuando el director de la DEA, Terrance Cole, señala que funcionarios y narcotraficantes mexicanos “llevan años durmiendo en la misma cama”, se le olvida mencionar que, en muchas ocasiones, el colchón, el edredón y las almohadas son proporcionados por ellos mismos, como sucedió en el caso del rancho El Búfalo, en Chihuahua, en 1985, o en todas las operaciones encubiertas como Irangate, Rápido y Furioso, o con la reciente “sustracción” del Mayo, en los cuales los métodos y recursos utilizados no pasan la prueba de la legalidad ni la aduana del Congreso estadounidense.
La diferencia es que ahora la bala de plata está en el cilindro de un arma ideológico-política de ultraderecha, con una mira telescópica sesgada en contra de movimientos, gobiernos y partidos que tienen una orientación nacionalista, popular o progresista.
Desde hace dos años, la etiqueta de “narcocandidato” y “narcopartido” ha sido colocada a los abanderados y movimientos de izquierda en las elecciones de Colombia, Ecuador, Perú y Chile. Y seguramente el calificativo será reciclado en las próximas elecciones en Brasil.
En el caso de México, la campaña de “narcopresidente” y “narcocandidata” empezó el 6 de enero de 2024 en cuentas de EE. UU., justo cuando varios simpatizantes del movimiento MAGA se aprestaban a recordar el intento de asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, evento que dejó cinco personas muertas, 140 policías heridos y daños materiales millonarios. La campaña de “narcopresidente AMLO” se movió después desde Argentina, Brasil y España.
En las elecciones de 2024, la alta aprobación de AMLO, los atributos personales de la entonces candidata Claudia y el implante territorial de MORENA lograron superar aquella embestida digital, fincada esencialmente en granjas pagadas de bots. No prosperó, pero la nube tóxica de opinión allí quedó y sigue circulando profusamente.
La peor forma de enfrentar un problema tan serio de salud pública, que envenena cíclicamente la relación México-EE. UU. y amenaza la seguridad ciudadana y nacional de ambos países, es la continua politización y partidización del problema del narcotráfico, tanto en el país vecino como en el nuestro.
Están dadas las condiciones para promover una política de Estado, no de etiquetas partidarias, que atienda el combate y la prevención del tráfico de drogas de manera integral, binacional y continental, atendiendo las causas, con resultados tangibles, sin amagos injerencistas y respetando las soberanías de ambos países. Faltan dos v: visión y voluntad. Sobran tres b: banalidad, befa y bravuconería.
X: @RicardoMonrealA

