Arrancar un año más con la confianza de la mayoría de la gente no es cosa menor en la política. Y la presidenta Claudia Sheinbaumcomienza 2026 (su segundo año de gobierno) con una aprobación ciudadana superior al 70 por ciento, según la encuesta más reciente.
Es una cifra que no solo habla de popularidad, sino de respaldo político real en un contexto nacional e internacional muy complejo. Más allá de la estadística, el dato refleja una percepción social de rumbo, estabilidad y continuidad en un proyecto de nación que sigue consolidándose.
La aprobación del 72 por ciento con la que inicia este año tiene fundamentos claros. Responde a resultados que el pueblo percibe en su vida cotidiana. La economía muestra señales de fortaleza: el peso se mantiene estable, el desempleo continúa en niveles bajos y el aumento al salario mínimo ha significado un alivio tangible para millones de familias.
En materia de seguridad, uno de los temas más sensibles para la ciudadanía, los avances también son evidentes. La reducción significativa de los homicidios dolosos no resuelve por completo un problema histórico, pero sí marca una tendencia distinta, una señal de que la estrategia está dando resultados. A ello se suma el crecimiento del turismo internacional, que proyecta una imagen de país que recupera confianza y atractivo ante el mundo.
Todo esto explica por qué el liderazgo de la presidenta se percibe sólido. No se trata únicamente de administrar bien, sino de encabezar uno de los gobiernos progresistas más consolidados de América Latina y del mundo.
México, bajo su conducción, se ha mantenido como un referente de transformación con estabilidad, demostrando que es posible impulsar transformaciones profundas sin sacrificar el equilibrio macroeconómico ni la gobernabilidad.
Sin embargo, un buen inicio no significa que el camino esté despejado. El respaldo ciudadano es alto, pero hay retos endesigualdad, gobernanza local y la seguridad que, pese a los avances, siguen siendo una tarea permanente que exige atención constante y decisiones firmes e inteligentes.
Por eso, 2026 debe asumirse como un año de consolidación y de responsabilidad. Fortalecer el liderazgo la jefa del Estado mexicano implica mirar con perspectiva y, sobre todo, profundizar en aquello que ha funcionado y corregir lo que se debe. También implica escuchar, ajustar y seguir poniendo en el centro a la gente.
Este inicio de año es alentador y una oportunidad histórica. Tenemos el deber de acompañar a la presidenta, de cerrar filas en torno a un proyecto que ha demostrado resultados y de no perder de vista que la confianza ciudadana se cuida todos los días. Porque gobernar bien es empezar bien, pero sobre todo, es no dejar de avanzar y no dejar a nadie atrás.


