LXVI LEGISLATURA

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Es un gran acierto que el Gobierno de México decidiera abrir una conversación nacional sobre el uso y la regulación de las plataformas digitales, redes sociales e inteligencia artificial, y no porque se esté tratando de combatir la tecnología ni de regresar a un mundo análogo, sino debido a que llegó el momento de determinar bajo cuáles reglas queremos convivir con ella.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha planteado una ruta distinta a la de imponer decisiones. Su propuesta consiste en llevar el debate a distintas regiones del país para escuchar a especialistas, academia, docentes, madres y padres de familia, estudiantes y también a quienes desarrollan estas tecnologías.

Es una diferencia que importa, y mucho, porque, como ya lo hemos señalado anteriormente, regular algo tan complejo exige construir acuerdos, no ocurrencias. De ahí que el desafío tampoco se reduzca a decidir si un celular entra o no a un salón de clases.

Lo verdaderamente importante es comprender qué secuelas está dejando el consumo excesivo de contenidos digitales en la salud mental, en la calidad del sueño, en la convivencia familiar, en el aprendizaje y en la forma en que niñas, niños y adolescentes se relacionan con el mundo.

Insisto, sería un error convertir esta discusión en una guerra contra la tecnología. Las mismas herramientas que pueden alimentar la desinformación o generar dependencia también son de ayuda para democratizar el conocimiento, facilitar el aprendizaje y aumentar la productividad.

La inteligencia artificial, por ejemplo, abre oportunidades enormes para la educación, la investigación y el desarrollo económico. La pregunta nunca ha sido si debemos utilizarla, más bien es cómo podemos hacerlo de manera responsable.

Ahí cobra sentido la participación ciudadana. Los foros que comenzarán a realizarse dentro de unas semanas representan una oportunidad para que las familias compartan experiencias, para que las juventudes expresen cómo viven el mundo digital y para que las soluciones nazcan de una conversación plural.

También será indispensable hablar de educación digital. Las madres y los padres necesitan información para comprender los efectos de pasar ocho horas frente a una pantalla, cómo identificar señales de adicción, cómo acompañar a sus hijas e hijos sin recurrir únicamente a la prohibición y cómo recuperar espacios de convivencia.

Al final, el objetivo es, precisamente, colocar a las personas en el centro. Defender el derecho a la conectividad sin que ello implique renunciar al derecho al descanso, a la privacidad, al juego, a la conversación cara a cara y a una infancia que también descubra el mundo fuera de una pantalla y con la gente.

México iniciará así un debate necesario. Vale la pena que todas y todos participemos, porque las decisiones que se tomen definirán cómo usamos la tecnología, además del tipo de sociedad y de nación que queremos construir para las próximas generaciones.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
X: @RicardoMonrealA

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