LXVI LEGISLATURA

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Mientras buena parte de la conversación pública que gira alrededor del Mundial de Futbol 2026 se ha concentrado en los estadios, la seguridad, la logística y las personas visitantes que se esperan, un episodio que pudiera parecer menor terminó diciendo mucho sobre México.

La selección de Irán encontró en nuestro país la hospitalidad que le fue negada en otro espacio. No es un detalle sin importancia. En realidad, refrenda una antigua tradición nacional: cuando otros cierran las puertas, México suele abrir las suyas.

Nadie definirá el éxito o el fracaso de una Copa del Mundo por el hotel en donde se hospede una selección. Sin embargo, los gestos importan y mucho. La presidenta Claudia Sheinbaum ha expresado su deseo de que este Mundial sea una fiesta de los pueblos y una celebración del encuentro entre culturas.

Difícilmente podría haber un mejor momento para recordar que el futbol, además de competencia, también es convivencia. México ha construido una parte importante de su reputación internacional precisamente a partir de una tradición diplomática y humanista que, durante décadas, lo distinguió entre las naciones del mundo.

La historia ofrece ejemplos de sobra. Tras la Guerra Civil Española, miles de republicanos encontraron refugio en nuestro país. Llegaron perseguidos por la intolerancia, pero fueron recibidos con dignidad. Aquel acto de solidaridad terminó enriqueciendo nuestra vida académica, científica, artística y cultural.

Algo similar ocurrió durante los años más oscuros de varias dictaduras latinoamericanas. Cuando muchas personas tuvieron que abandonar Chile, Argentina, Uruguay o países de Centroamérica para salvar su libertad o incluso su vida, México volvió a convertirse en tierra de acogida.

No fue casualidad, sino una definición de país. Por eso vale la pena observar el episodio de la selección iraní más allá de la coyuntura deportiva. Si bien está en juego la organización de un torneo internacional, también lo está la imagen que las naciones proyectan sobre sí mismas.

Habrá quienes recuerden los goles, las remontadas o los partidos dramáticos. Otros conservarán la memoria de las ciudades que visitaron, de los paisajes que conocieron o de la comida que probaron, pero también habrá quienes se lleven una impresión del carácter de los pueblos anfitriones.

En ese terreno tenemos mucho para mostrar como pueblo, porque la hospitalidad mexicana es una forma de relacionarnos con los demás que ha sobrevivido a gobiernos, generaciones y circunstancias históricas muy distintas.

Este jueves comenzará a rodar el balón. Las miradas del mundo estarán puestas en México, y tendremos la oportunidad de mostrar estadios renovados, capacidad organizativa y riqueza cultural. Pero quizá la mejor carta de presentación siga siendo la misma de siempre: nuestro mensaje de hospitalidad.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

X: @RicardoMonrealA

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