El fin de semana nos enteramos de que entre los soldados heridos en la guerra contra Irán al menos cuatro serían de origen mexicano, de acuerdo con un informe del Pentágono. Pero esos elementos pertenecen únicamente al Ejército, porque seguramente habrá otros, con el mismo origen, en la Armada, en la Infantería de Marina y en la Fuerza Aérea.
Se estima que un 27 % del total de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (EE. UU.), integradas por 2.8 millones de personas (incluyendo reservistas), son de origen hispano. Esta denominación incluye a todas y todos los integrantes de la milicia estadounidense de ascendencia latina, pero el segmento específico de origen mexicano es el dominante, con un 70 %; es decir, aproximadamente 500 mil elementos, tanto activos como reservistas, que están listos y entrenados para defender a la Unión Americana en una conflagración.
Baste decir que esta fuerza es muy cercana a la de las Fuerzas Armadas de México (Ejército, Marina, Fuerza Aérea y Guardia Nacional), con cerca de 650 mil integrantes.
La presencia creciente de personas hispanas y, en especial mexicanas, en las Fuerzas Armadas de EE. UU. es reflejo a su vez del crecimiento hispano entre la población en general.
En la llamada Tormenta del Desierto, con la cual el presidente George Bush enfrentó a Irak en la década de 1990, el grupo de las y los hispanos (incluyendo compatriotas nuestros) salió al frente en la batalla de tierra, en la primera línea de ataque. Por ello, el número de elementos caídos en aquel conflicto fue en su mayoría de origen hispano-mexicano, según señalaron diversas asociaciones defensoras de la migración.
Si hubiese una incursión por tierra en la guerra en curso en Irán (algo no deseado), es altamente probable que el número de heridos y caídos de origen mexicano se incremente, ya que la presencia hispana se concentra más en las tropas de tierra que en las marinas o de la Fuerza Área.
Un estudio de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC) y de United Firm (la firma de abogados más fuerte en la defensa de las personas migrantes) señala que la población hispana joven se siente fuertemente atraída por ingresar al Ejército estadounidense por el estatus legal, económico y de identidad social que otorga la pertenencia a las Fuerzas Armadas, y aunque no suelan ocupar los cargos directivos medios ni altos de estas corporaciones, también les representa una opción de movilidad e integración social. En cambio, las y los jóvenes estadounidenses de origen anglosajón se sienten cada vez menos atraídos a ingresar a la milicia como opción de desarrollo profesional.
En este sentido, el “sentimiento nacionalista” y de defensa de EE. UU. es más fuerte y sostenido entre jóvenes de origen hispano que entre jóvenes anglosajones nativos. Este es un fenómeno que debería ser más difundido para reforzar la defensa, el respeto y aprecio hacia las personas migrantes hispanas, especialmente de nuestros connacionales, frente a la ola antimigrante y xenófoba que promueve actualmente la derecha en aquel país, que solo los ve como carne de cañón.
En otras palabras, el “Mexicanos, al grito de guerra” es tan válido y valioso para defender a México que para defender a nuestro vecino del norte —que les ha dado a ellos o a sus ascendentes la oportunidad de una segunda patria—, cuando se mete en problemas en Oriente Medio o en cualquier otra parte del planeta.
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