LXVI LEGISLATURA

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A lo largo de varias décadas, y hasta hace poco, referirnos al sistema público de salud en México conllevaba carencias normalizadas y una narrativa que justificaba el abandono bajo el pretexto de la “eficiencia” del mercado. Ese modelo no fue accidental; fue una decisión política. Hoy, ese ciclo empieza a cerrarse.

El reciente anuncio del Gobierno de México sobre una inversión histórica en la construcción y el equipamiento de hospitales marca un punto de inflexión. Es el viraje de un modelo que durante años debilitó deliberadamente lo público, pero que ahora, con el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum, apuesta por la reconstrucción del Estado social.

La inversión revelada —más de 11 mil millones de pesos solo en equipamiento médico de alta tecnología— se sustenta en un diagnóstico serio realizado en hospitales del IMSS, ISSSTE, IMSS Bienestar, Pemex y los institutos nacionales de salud.

No se compró a ciegas ni por ocurrencia: se identificaron necesidades reales y se autorizó una de las compras más importantes de tecnología médica en años. Son más de 800 equipos de última generación que llegarán, sin excepción, a las 32 entidades del país.

Hablamos de aceleradores lineales para tratar cáncer, tomógrafos, resonadores magnéticos, mastógrafos, equipos PET/CT…, tecnología que antes parecía reservada para unas cuantas personas y que ahora se distribuye de manera estratégica entre las distintas instituciones públicas. El mensaje es claro: la salud es un derecho, no un privilegio.

Pero el problema no era solamente el equipo. La saturación hospitalaria tiene raíces profundas. Por ejemplo, en 46 años, con una población que creció de manera sostenida, apenas se construyeron alrededor de 4,300 camas en el IMSS.

Esa cifra explica, por sí sola, el colapso cotidiano que enfrentan millones de derechohabientes. Frente a ese rezago, la decisión de construir 24 hospitales en 2026, con una inversión cercana a los 45 mil millones de pesos, representa un cambio estructural.

La presidenta lo ha expresado con claridad: los gobiernos de la transformación, sumando el sexenio del presidente López Obrador y el actual, construirán alrededor de 10 mil camas de hospital nuevas. Es una corrección histórica que no solo amplía la infraestructura, sino que redefine prioridades.

Este nuevo esquema incluso permite adelantar la compra consolidada de insumos para garantizar el abasto de este año y del siguiente. Eso, en términos de política pública, significa planeación, previsión y ruptura con la lógica de la improvisación permanente.

La renovación del sistema de salud en 2026 es una decisión política con implicaciones sociales muy profundas: que la persona más humilde tenga acceso a los mejores hospitales y a los mejores equipos. Ahí está el fondo del cambio. La salud deja de ser un privilegio y vuelve a ser un derecho. Esa es, quizá, la transformación más profunda de todas.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

X: @RicardoMonrealA

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