LXVI LEGISLATURA

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México-Estados Unidos: el malestar bilateral

En la solución de nuestros grandes problemas binacionales, logramos más con el diálogo, la colaboración y la cooperación, que abriendo heridas culturales e históricas que tardan más de un siglo en sanar.

Nuestro país vive uno de los momentos más delicados de su historia independiente.

Las relaciones con el vecino del norte, los Estados Unidos de América, vuelven a vivir momentos de gran tensión, como sucedió entre 1846 y 1848, con la disputa territorial por Texas; en 1914, con la ocupación del puerto de Veracruz, y en 1916, con la Expedición Punitiva del general Pershing, persiguiendo al general Francisco Villa.

Ni en 1938, cuando el General Lázaro Cárdenas decidió expropiar las compañías petroleras establecidas en México, se había generado el espectro de una intervención militar o paramilitar directa como la que hoy existe.

¿La causa? La acusación de que presuntamente México se encuentra gobernado por cárteles del crimen que amenazan la seguridad nacional de los Estados Unidos de América.

Este señalamiento es tan grave, como falso y erróneo es el diagnóstico que lo alimenta.

México ha sido un ally (aliado) puntual, no un alien invasor, en la lucha del Gobierno y del pueblo estadounidenses contra el cáncer de las drogas.

A nuestro país le ha tocado poner la parte más dolorosa de una guerra: las personas muertas, desaparecidas, desplazadas; el dislocamiento de su sistema judicial y de procuración de justicia, así como la ruptura del tejido social de comunidades enteras.

Ni siquiera la parte mayor de las ganancias malditas de este mercado criminal binacional ni las armas con que el país se ha desangrado pertenecen a México.

A cambio de ello, nuestra nación recibe ahora bofetadas de desprecio, amenazas y odio.

No se vale y no es justo.

¿Qué se pone en riesgo con la sola amenaza de una intervención militar o paramilitar directa en suelo mexicano?  Más de un siglo de estabilidad social, seguridad económica y entendimiento político, que le ha permitido a Estados Unidos tener al sur de su frontera, a lo largo de tres mil kilómetros, a un amigo, socio y aliado, por encima de diferencias ideológicas o de colores partidistas de sus respectivos gobiernos legítimos.

Tanto con gobiernos demócratas como con administraciones republicanas, los gobiernos mexicanos de diferente signo (PRI, PAN y MORENA) han sabido desarrollar una política de Estado que les permitió cooperar, colaborar y coordinarse con Washington sin subordinarse, arrodillarse o someterse.

En México, la buena convivencia con nuestros vecinos y socios es un tema de principios fundacionales y constitucionales, no de posturas ideológicas, partidistas o de humores personales.

Hoy el mercado de las drogas ilícitas cambió drásticamente, desde las llamadas drogas blandas naturaleshasta las drogas sintéticas de laboratorio. Esto trastocó las estrategias de tratamiento y combate. Del enfoque de salud pública y de prevención policiaca del delito se pasó al tratamiento militarizado de considerar a los cárteles como grupos narcoterroristas extranjeros, con el escalamiento de las políticas de combate y erradicación de las drogas.

En lo personal, confío en el presidente Donald Trump del primer período, que supo valorar y tratar a México como un vecino cercano, un socio justo y un amigo confiable.

Como lo ha señalado la presidenta Claudia Sheinbaum, en la solución de nuestros grandes problemas binacionales, como el narcotráfico, el terrorismo, la emigración, el comercio justo o el agua, logramos más con el diálogo, la colaboración y la cooperación, que abriendo heridas culturales e históricas que tardan más de un siglo en sanar.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

X: @RicardoMonrealA

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